Hace justamente un año fui por primera vez a Berlín, la Ciudad Fénix. Se le conoce con este apelativo debido a cómo siempre sobrevivió a las varias guerras en su territorio. Yo la verdad que me he contagiado y podría decirse que soy un poco así también. Hemos sobrevivido y pasado por mucho Berlín y yo. Y aquí seguimos. Cuando volví a Leipzig hace un año, justo después de mi primer fin de semana en Berlín, tenía la sensación de que no sería la última vez. Y vaya si no fue la última. He perdido hasta la cuenta de las veces. Más de diez segurísimo. El caso es que ahí empezó una relación de amor. Recuerdo ese fin de semana como si fuese ayer. Menuda anécdota me pasó. Podéis echarle una leída a la primera parte de la entrada (RENATE – “Con el Renate me desvirgué”. Curiosa anécdota en mi primera vez en Berlín), ahí la cuento y cómo me desvirgué en mi primer club de techno, el Renate. Fue impresionante. Pero venga va, os voy a contar lo de este fin de semana porque sé que lo estáis deseando, el de nuestro aniversario, y cómo de bien se portó Berlín conmigo. ¿Casualidad? No lo creo. Acompáñame una vez más a leer mis aventuras desmesuradas.
Tomé la decisión de ir otra vez a Berlín. Sí, lo sé. Pero esta
vez tenía la excusa perfecta. Fue principalmente porque la última vez me olvidé
la SIM alemana del móvil, el cargador y una sudadera del Barça en casa de una
amiga. Claro, tenía que ir sí o sí al menos para recuperar mis cosas ya que
andaba sin internet y para cargar el móvil tenía que hacer malabares. Por
suerte, también tengo la SIM española y uso el Roaming pero desde hace un año no
me funciona el Buscador de Google ni sus variantes (Maps, Youtube, etc). Todo
fue porque un día le dejé mi móvil a un tío que me dijo que me iría más rápido
el sistema si me tocaba una cosa en los ajustes y desde entonces no me funciona
nada de eso. Así que para ir a los sitios, me tengo que memorizar los lugares,
preguntar y espabilarme para llegar. No sé es algo que aún no le encuentro
explicación. Si alguien sabe qué es por favor que deje de leer y me escriba
antes que se le olvide. Gracias.
Como os iba diciendo… ya que iba a Berlín, no me iba a estar unas horitas y luego de vuelta a Leipzig. Vamos a ver, si voy, voy para dejar huella. Voy en serio. Nada de a medias tintas. Así que le escribí a mi mejor amigo de confianza Dj Lamberto que él sabe qué es lo que se mueve cada fin de semana y dónde sopla mejor el viento. Este viernes tocaba ir de nuevo al Tresor. ¡Marramiau!. Digo otra vez porque ya fui en Junio (TRESOR “/Tressoa/, bitte”. Fin de semana increíble para cerrar una bonita etapa) y fue un auténtico descubrimiento este club. A mi favor debo decir que no todos los días puede uno tener la oportunidad de ir a Tresor así que íbamos a tope. Es uno de los mejores clubes de techno de Berlín. El lugar, la música y su sonido; la atmósfera, el respeto que hay por el techno y toda la historia que tiene detrás es impresionante. Es una mezcla de todo. Te captiva. Es algo único.
El problema que tenía era dónde dormir. Mi queridísima amiga
Júlia, dónde me dejé las cosas, tenía un cumpleaños y no sabía si iba a salir.
Entonces directamente ni se lo pregunté. Tenía otra amiga, Luna, la cual me
dijo que me podía quedar sin problema en su casa a dormir, pero no salía ni nada
ella. No era plan de ir y que yo me vaya de fiesta y ella en casa y luego vete
a saber a qué hora le despierto que he vuelto de liada. Quita, quita. Si me
quedaba en casa de alguien, ese tenía que salir conmigo. De repente, a una hora
de coger el Blablacar aparece un mensaje de voz de Lamberto diciéndome que me
podía quedar en casa de su novia que tiene una habitación vacía. De locos,
simplemente.
Eran las 19h del viernes ya y la mujer del Blablacar me
avisó de que en 10 minutos estaría abajo esperándome. Me hice la mochila en 5 minutos y me pasé
otros 5 buscando la cartera. Bajé y hacía mucho frío. Había nevado por primera
vez este invierno. Me encontré una furgoneta camperizada blanca afuera, entré y
vi que la mujer del Blablacar era una señora mayor. Estábamos ella y yo solos.
Bueno, y su encantador perrito también. El viaje fue risas, era la primera vez
que tenía una charla larga con una persona mayor todo el rato en alemán. La verdad que en una
de esas le pregunté la edad y me dijo 72 años. Le pregunté por la caída del
muro de Berlín y cómo vivió la separación entre Alemania del Este y del Oeste.
Incluso le pregunté por la 2ª Guerra Mundial pero se mofó y me dijo que tan
mayor no era. Vivió 13 años en Berlín y le pregunté a raíz de eso si había
salido mucho de fiesta. Me dijo que apenas había salido pero le gustaba la
música electrónica. Al final se regaló y me dejó muy cerca de la casa de la
novia de mi amigo Lamberto. Su última frase antes de que me bajara de la
furgoneta fue que no le diera muy fuerte al M esa noche. Me partí la caja y le
dije que no se preocupara. Una auténtica Berliner. Encima me dijo que se volvía
el domingo al mediodía y que ya me llamaría para volver a Leipzig. Una crack la
Sybille. Me dejó incluso una reseña en la App sobre mí.
Hacía un frío que te cagabas las patas al salir. Estábamos a
-1 grado y eran casi las 22h sólo. Piqué a la casa y me confundieron con el pizzero.
Hicimos unas birras en casa y nos fuimos a casa de otro colega a hacer la pre-party.
De camino recogimos a un chico que recién se había mudado a Berlín. Tenía una
cara de novato que no os podéis ni imaginar. Me hubiera gustado hacerle una foto para ver la
evolución del antes y el después de 1 año en Berlín. Risas. El pobre estaba
flipando en casa del amigo al ver el royo tan distinto de Berlín vs Barcelona a
la hora de salir de fiesta. Nos tiramos un buen rato de charla y bebiendo
cervezas. Se nos hicieron las 3 y pico de la mañana y decidimos pedir el Uber.
Pensaréis, joder, las 3 y pico de la mañana y aún no habéis entrado. Como os he
dicho, el royo es totalmente diferente. El Tresor cierra a las 13 pm del
día siguiente. Ahora lo entendéis, ¿no? No había ninguna prisa.
Llegamos a la cola del Tresor y era larguísima. Tenías que esperar igual 2 horas en la cola para entrar. Pero, ¿Qué pasa? Que ya me conocéis y sabéis perfectamente que 2 horas no iba a hacer ni flipando. Así que les dije a mis amigos que me siguieran. Me planté casi en la puerta de la entrada del Tresor donde los seguratas y ahí me detuve. Observé a mí alrededor buscando la presa perfecta. Los encontré. Me dirigí hacia unos chicos que se encontraban al principio de esa cola inmensa y les dije: “Hola buenas, ¿de dónde sois? (blablablá) mirad, es que hemos hecho toda la cola y nos han chutado (mentira). ¿Seríais tan amables de dejarnos estar aquí con vosotros así no tenemos que hacer de nuevo toooooda la cola? Por favor.” “Sí, claro tío. Ponte aquí con nosotros”. “¡Perfecto gracias!” Y mis amigos se pusieron aquí también. Pues ale, os acabo de dar un truquillo para no tragaros la cola kilométrica. Se puede aplicar a vuestra discoteca favorita también. De nada.
Una vez dentro del club no os podéis ni imaginar la cantidad
de cosas que pasaron. No quiero entrar en detalles pero creerme que fue algo
sublime. Dentro del club puedes hacer de todo y más. Y si te lo montas bien
puedes hacer maravillas. Puro vicio. Pura diversión, hay que dejarse llevar.
Tresor tiene algo en el ambiente. ¿Será porque está al justo ladito del KitKat?
Simplemente voy a dejar que vuestra imaginación vuele. Y lo que os imaginéis,
multiplicarlo por dos. A eso me refiero cuando Berlín se portó muy bien conmigo
este fin de semana. Hasta me encontré a un colega de DHL que era su primera vez
en Berlín y flipó en colores. Concretamente en rosa. Flow worldwidegotti tú sae. Salí a las 11 de la mañana del club.
Tocaba irse a dormir ya.
Al día siguiente me fui a casa de mi queridísima Luna a pasar la noche. Luna es una chica que conocí en Costa Rica. Por aquel entonces era una persona con la que pasé grandes momentos y pudimos conectar guay pero sin nada del otro mundo. Hoy en día es como mi hermana. Nos pasamos la noche hablando de todos los temas, jugando entre nosotros, tirándonos bolas de nieve por la calle, bailando, riendo, bebiendo, etc. Es la persona que presentaría a todos mis amigos, incluso a mis padres. Es una persona única en su especie la cual hay que respetar, cuidar y amar. My Little Sunshine.
Al día siguiente, me despertó una llamada. Era Sybille, la señora mayor del Blablacar. Me dijo que a las 13h me recogía para traerme de vuelta a Leipzig. Me duché, desayuné. Salí de casa de Luna y estaba nevando muchísimo en Berlín. Era la primera vez que veía tal cantidad de nieve. Precioso. Llegué al sitio donde me recogía y lo primero que me dijo al entrar en la furgoneta fue: “Qué, ¿has salido mucho de fiesta?”. Es la jefa. Y así terminé lo que fue un fin de semana perfecto, redondo. De los mejores. No puedo pedir más.
Cómo veis Berlín es puro hedonismo. Siempre pasan cosas. Todo
puede suceder en Berlín. Eros dejó otra vez huella. Llegaba un punto en el que
no sabía si estaba en el Tresor o en el Kitkat. Es que pff… Berlín es cómo… no
sé. Berlín son tantas cosas que no sabría con cuál de ellas quedarme si lo
empiezo a comparar. No me puedo quedar con una, así que aquí abajo os dejo unas
frases mías dedicadas a Berlín:
A) Berlín es como el mar, mola bañarse en él pero hay que
tener cuidado porque te puede engullir y nunca sabes qué te va a traer la
marea.
B) Berlín es como un desierto, puedes pasear en él incluso pillar un camello y
disfrutar del viaje, pero no te estés mucho rato porque puedes acabar viendo
falsos Oasis y terminar hablando sólo en el U-Bahn (metro).
C) Berlín es como el agua, la bebes cuando la necesitas, entra
muy bien, te sacia cuando tienes sed y te aporta vida; pero si no usas filtro
puede intoxicarte fácilmente.
D) Berlín es como un volcán en activo, mola estar cerca y pasear a su
alrededor, haciendo incluso broma bailando tentando la suerte pero mejor que no
te pille la lava si entra en erupción.
E) Berlín es como esa fina línea que separa el Bien y el Mal. Debes elegir muy
bien el bando en el que juegas porque una mala decisión puede hacer que te
quedes atrapado en el Mal de por vida.
F) Berlín es como ese/a profesor/a que te gustaba de pequeño/a; da
igual cuantas veces te castigara que igualmente seguías yendo a sus clases para
verle/a.
G) Berlín es como el porno, si te vicias en exceso no podrás parar de masturbarte y cuando te des cuenta ya será demasiado tarde. Tu voluntad estará
anulada y va a hacer lo que quiera contigo.
H) Berlín es como ese club en el que vas una vez y por no vigilar bien tu
cubata terminas sin acordarte de como terminaste con un tanga de cuero en el
KitKat.
I) Berlín es como el andén 9 ¾ de Harry Potter, sólo
aquellos que conozcan la entrada secreta accederán a su verdadera magia. Los
demás son sólo Muggles.
¿Y bien? ¿Con cuál te quedas? Escríbemelo en los
comentarios. Por mi parte eso es todo, en cuanto al Tresor, repetiré
segurísimo. En cuanto a Berlín, no lo sé, lo dejo en el aire. ¿Cómo? ¿Pero a
quien quieres engañar, bro? Vas a ir 1 millón de veces más. Joder, cuanto te
quiero Berlín. Qué relación más bonita tenemos. ¿Habrá boda? Primero tendríamos
que dar el paso de vivir juntos, y eso, lo veo complicado. Podría desgastar la
relación. Necesitamos nuestro espacio. ¡Feliz 1r aniversario Berlín, mi Tesoro!
Y a vosotros, deciros que “Ich liebe euch 💓” (Os quiero). Gracias una vez más por
acompañarme.
PD: Al final no cogí ni la SIM, ni el cargador, ni la sudadera. Tendré que ir de nuevo, qué remedio. En fin, Shit happens.
Un saludo Berliners.





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