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ANOMALIE ART CLUB – “Dj Lamberto en el Line up, de locos”

Pum, pum, pum, pum, pum... a velocidades desorbitadas con un tempo demoledor. Ese es mi colega Dj Lamberto. Ni más ni menos. Lo que en principio sería un fin de semana más en la oficina (Berlin), acabó cobrando sentido después de que mi amigo Lamberto me dijera que ese mismo sábado pinchaba en el Anomalie. Su jodida primera vez en un club de techno en Berlin, en la cuna del mismo. No nos lo creíamos. Lo iba a petar seguro.

Fui al mercado de órganos a por dos orejas más. O quizás debía primero preguntar a un cirujano plástico? Quizás me saldría más barato. O debía comprarme unos sonotones... o unos audífonos? Que va, qué cojones estoy diciendo? No tengo ni idea, pero lo que sí sabía es que estaría al lado de mi colega a primera fila. Dejándome la piel en el campo. Necesitaba dos orejas de recambio para lo que se avecinaba. Estaba jodidamente extasiado ya, no requería ningún suplemento deportivo para la noche. La recuerdo con mucho cariño.

Vamos a hablar del club. Era Marzo, se necesitaba un test Covid para entrar. Un coñazo. Había mucha cola para entrar al club aparte. Eran las 2 am, mi colega tocaba a las 3 am me dijo. Había tiempo en teoría. Nos pusimos en la cola, a hablar con la gente para echar el ratillo. Por fuera del club parecía que estabas en un camino de campo. Nos separaba un muro de madera del interior del lugar. La cola a veces avanzaba casi nada, normal. Los porteros abrían la puerta de la calle cuando les daba la gana literalmente. Encima salían y nos decían que nos fuéramos a la otra puerta de más adelante. Eran un poco distantes y fríos con los clientes, masculinos, claro. Si salían y veían un grupo de chicas, pasaban las primeras. Al final nos hicimos pasar por los novios de unas chicas de Holanda, y por fin entramos. Eran las 2.45 am. Entramos al recinto del club. Una vez pasabas el muro de madera que separa lo de fuera de lo de dentro, entras a la cola para pagar las entradas. Nos salió más barato compararlas allí mismo que por Internet. Una vez dentro ya del club, la parte exterior es muy chula y acogedora. Tienen una zona de mesas de picnic y sofás con el guarda ropa delante con música. En la otra parte de fuera tienen hogueras para que la gente se proteja del frío y delante unos lavabos portátiles. Estaba muy bien pensado todo. Justo antes de entrar en el pasillo que te conduce dentro, hay otra salita fuera, de la cual la entrada casi ni se ve, oscura rojiza que si queréis ver lo que hay dentro, mejor entrar y lo observáis con vuestros ojos, jeje. Había de todo en el exterior del lugar, literalmente.


Entramos al interior del club, cruzamos un pasillo y aparecimos de repente en todo el meollo. Era una sala pequeñita que parecía una olla a presión. La barra a mano derecha. Nos abrimos paso entre la gente para al final llegar a primera fila. Era mi colega el que pinchaba, teníamos que estar ahí costara lo que costara. Lo vimos detrás del Dj que estaba pinchando en ese momento, como si se tratara de una obra de teatro y él fuera el actor que asomaba la cabeza entre las cortinas del telón mirando cuanto público había antes de hacer su función. De locos. Ahí estaba. Nervioso, eso sí. Le grité: Lambertooooo! Me vio, le di un abrazo y le dije que lo iba a petar. Nos pusimos con su hermana, su novia y sus amigos, que obviamente también estaban allí. Terminó el otro Dj. Se abrió de nuevo el telón. Aplausos. Se hizo el silencio. Empezó la función.

En ese momento me vino un recuerdo a la cabeza. Hace aproximadamente 2 años, justo cuando él se iba a vivir a Berlín, me lo encontré en nuestra calle, ya que éramos vecinos. Estaba con su madre. Bueno, mejor dicho, estaba con “Mama Techno”. Le dije qué tal la vida, ya que hacía tiempo que no lo veía y me dijo que justo en unos días iniciaba una nueva vida en Alemania, en Berlín. Me quedé loco, le pregunté que cual era su idea, o sea, porqué iba allí y no a otro sitio. Me dijo que quería ser Dj y Berlín era la cuna del techno, la música que él producía. Y fíjate como son las cosas, que justamente en su debut, o mejor dicho, el día en el que por primera vez da a conocer su talento en un club de techno de Berlín, ahí estoy para ser testigo y tener la oportunidad de verlo cumpliendo con lo que aquel día me dijo. Fueron 2 horas de puro dark techno, de puro bombo. Muchas horas invertidas a lo largo de lo que lleva reducidas en 2 horas. Demostró sin duda alguna que tiene talento para ello y no paré ni un segundo de bailar; no fui ni al baño en ese tiempo. Ahí anclado. La gente respondió de la misma forma, noté la vibra en el ambiente, los gritos, el calor humano y la explosión de energía que inundaba su música en la atmosfera. Nada más terminó la sesión, todos le aplaudimos y le silbamos fuerte. Yo y mi colega salimos del rebaño de gente. Fuimos a la barra y pedimos vasos de agua, al mismo tiempo hicimos unos estiramientos de cuádriceps y gemelos. No tengo nada más que añadir.

Salimos fuera por el mismo sitio por el que entramos. Nos pusimos en una hoguera con gente random. Al cabo de un buen rato, volvimos a entrar, cruzamos la sala donde estábamos antes y nos fuimos a la sala grande. De camino, y ya con la luz del amanecer que entraba por las ventanas del Hall que separa las dos salas, apreciamos lo guapo que estaba el club por dentro. Tenía un toque de arte tipo modernista con las puertas altas terminadas en punta. Todos los accesos de dentro del club, tanto a las salas como a los lavabos eran así. Llegamos a la sala grande, ahí estaba Lamberto, esta vez como parte del público. Le dimos la enhorabuena por su gran actuación, un abrazo enorme y nos fuimos para casa ya que estábamos muertos. Gracias Lamberto, el Kebab de vuelta nos supo mejor gracias a ti. Y gracias Anomalie Art Club, ahora entiendo el porqué de tu nombre. No sólo derrochas arte por dentro sino que también das oportunidades a artistas de la calle para que demuestren lo que valen. Un placer. Y hasta pronto.



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