Rondaba Diciembre 2021. Llevaba 2 semanas en Alemania y DHL nos hospedó en un Hotel de 4 estrellas con desayuno incluido a las afueras de Leipzig. Suena bien no? Sí, claro que suena bien. Es más. Tú imagínate. Llegar después de trabajar a las 6 am con el autobús a tu habitación reventado y bajar al desayuno de buffet libre e hincharte a comer como si no hubiera un mañana. Me ponía hasta el culo de comida. Cinco platos caían fácil. Uno de huevos revueltos con beicon. El otro con panecillos e embutido. Otro con frutita. Otro con crêpes con salsa de manzana (bro, te lo digo que estaba de locos esa mierda, créeme). Y por último los cereales de chocolate con leche para completar un desayuno rico en 17 millones de calorías. Después del atracón, me subía a mi habitación y a dormir. Pero… y el resto del día, qué? Vale que comía para tres días con ese desayuno pero yo me levantaba después de dormir con hambre y por la noche otra vez a currar 8 horas. Tenía que comer más. Así que, me levantaba y me iba al Kaufland, un supermercado que estaba relativamente cerca del Hotel y hacía la compra. Compraba fruta, ensaladas preparadas, pan, atún y Yatekomos. Hacer esto durante unos días o incluso una semana está guay. Es incluso risas. Recuerdo que había más de uno que su alimentación se basaba en hamburguesas frías ya preparadas, que eso lo veías y parecía una hamburguesa de 1€ del McDonalds pero que en vez de comértela al momento, la enfrías en una nevera unos días, la coges otra vez, la calientas en el micro y te la comes. Asqueroso, verdad? Pues había peores. Yo era de los sanos. Había otros que hasta se compraron un hornillo y una plancha o directamente una arrocera para hacerse sus recetas Master Chef y deleitar sus maravillosas pupilas gustativas con esos deliciosos ingredientes de comida Alemana. Mmmmmenos mal que teníamos seguro médico nada más llegar, por si las moscas. Los había que directamente ni comían. En fin, podría contaros muchísimas historias más, pero vamos a centrarnos.
Tenía que buscar un pisito. DHL nos lo daba. Cuando me
enteré de eso dije me despreocupo de buscarlo ya que a la que llegue, en nada
ya estaré viviendo en mi humilde y maravillosa morada. La primera semana
recuerdo que tuve la oportunidad de ir a ver los pisos que ofrecía DHL; no era
normal ya que por grupo de llegada, me correspondía verlos la semana siguiente pero ya
sabéis cómo soy. Justamente estaba paseando por el centro con un compañero que
había llegado una semana antes y me fui con él, ya que tenía cita con los demás
e iban todos juntos a ver los pisos con el de la inmobiliaria. Fue gracioso
porque nos pasaron la dirección exacta del lugar. Nos dijeron que era un
edificio royo residencia de estudiantes bastante moderna en pleno centro de
Leipzig. De locos, vaya. Qué podía salir mal? Pues el caso es que nos dirigimos
a la dirección sobre la cual se encontraba supuestamente el recinto
estudiantil. Levantamos la cabeza, miramos a nuestro alrededor y vimos que
estábamos en un cementerio. Espera, qué? Es aquí donde vamos a vivir? Con
vistas a un cementerio? Dormiremos en lápidas o klk? Tío, seguro que ésta en la
dirección? Pues por suerte no era la dirección correcta, uff… Después de unos
minutos nos pasaron la correcta y fuimos corriendo para allá, ya que llegábamos
un pelín tarde. Esto sí, joder, esto es otra cosa. Habíamos llegado. Entramos a
la residencia y nos enseñaron los diferentes diseños de los “pisos”. Si os
fijáis, ahora pongo las comillas en la palabra “piso” porque básicamente
tenemos que cambiar la terminología del susodicho a “estudio”. Lo que nos
enseñó el hombre de la inmobiliaria, fueron estudios para estudiantes los
cuales eran de entre 20/25m2 como máximo. Eso sí, eran nuevos de trinca.
Seríamos los primeros en estrenarlos. Luego, nos enseñó un poco las
instalaciones de la residencia, lavandería, zona común, etc. Caté un poco el
royo que había y me imaginé cómo sería mi vida viviendo ahí. La verdad no me
convencía demasiado. Rodeado de españoles y viviendo en una caja de zapatos no
alimentaba demasiado mi capacidad de aprendizaje del idioma ni de conocer gente
nueva. Así que decidí buscar por mi cuenta, encontraría algo mejor segurísimo.
Había que confiar.
Empecé a buscar piso. No tenía ni idea de cómo hacerlo, pero
pensé: “Bueno, me descargo las típicas apps para buscar piso y a funcionar”. Me
bajé 3 apps, Immowelt, Immoscout24 y WG-Gesucht; la diferencia entre unas y la
otra es que Immoscout24 e Immowelt es para vivir sólo y WG-Gesucht para
compartir piso. La verdad que me motivaba la idea de compartir piso, más que de
primeras ponerme a vivir sólo. Mi principal idea era aprender el idioma y
conocer gente de Leipzig así que tiré por WG-Gesucht. Me creé un perfil en la
app, le escribí a todos los anuncios que iban saliendo día tras día. Sin
exageraros escribí a unos 30 pisos o más.
Algunos contestaban, otros te contestaban con el típico mensaje de que
ya habían cogido a otro y otros directamente ni te respondían. En un mes de
busca activa no me contestó nadie diciéndome que podía ver el piso y demás. En
las otras apps, en cambio, en Immowelt me contestaron dos personas y concerté
dos citas para el mismo día. Eso sí, los dos pisos eran para vivir sólo pero
llegaba un punto que ya me daba igual. Fruto de la desesperación, fui a ver los
pisos; en uno me presenté y era un estudio un poco más grande que los de DHL
pero me servía. Los caseros eran un matrimonio alemán. Estuve hablando con ellos y por mucho que les
dijera mis condiciones laborales y mi proyección de futuro en Alemania, al
final me dijeron que habían cogido a otro. Bueno, no pasa nada. Vamos al
siguiente, cabeza arriba.
Me fui a comer con mi compañera una pizza y de mientras me
sonó el móvil. Vi el mensaje del otro casero recordándome la hora de la cita
para ver el piso, a las 15h. Eran las 14.50h. Pensaba que era a las 16h. Me
cago en todo. Corriendo al piso. Llegamos 5 minutos tarde, no pasaba nada. Nos
esperó. En Alemania no es como en España que llegas media hora tarde y aún te
tiene que pedir perdón el otro por llegar tan pronto. Aquí como te pases más de
10 minutos de la hora, chao kakao. Tuvimos
suerte que aún nos esperó. Entramos a ver el piso, la verdad que era precioso,
magnífico, ideal para dos personas, nos lo daba amueblado y con todo, no me lo
creía, todo redondo. Nos sentamos en el sofá a hablar con los caseros, otro
matrimonio alemán. Me explicó las condiciones, el alquiler, etc. Le dije que sí
a todo, el problema era que el piso era para dos personas y me dijo que antes
de las 18h tenía que darle una respuesta. O sea, tenía 1h y media para buscarme
un compañero de piso y confirmarle que quería el piso. En ese momento tenía dos
opciones: Decirle que sí ya y ya encontraría a alguien luego (un poco
arriesgado) o hablarle a todos los que conocía y esperar a que alguien me
dijera que sí, pero era un poco a la desesperada y no me acababa de convencer
la idea. Fui a lo seguro, le pregunté a mi compañera si se venía a vivir
conmigo, el problema que iba con dos mochilas (tenía dos hijos) y la larga no
iba a salir bien la cosa. Así que le escribí a un amigo del proyecto con el que
sí que realmente me veía viviendo con él. Le llamé 3 veces, le expliqué la
movida y me acabó diciendo que sí. Bien. Le escribí entonces al casero ya que
faltaban treinta minutos para las 18h. Estuve esperando una respuesta hasta que
al final a las 22h me respondió con un mensaje tal que: “Hola Roger, como sabes
tenemos muchos otros candidatos para el apartamento. Lo siento mucho pero hemos
acabado decidiéndonos por otra persona. Un saludo”. Cómo? Le contesté: “Enserio?
Esto no es serio. Te dije que te alquilaba el apartamento para un año y que
encontraría un compañero con el que vivir y tú me has dicho que podía irme a
vivir a tu apartamento al día siguiente y que contestara antes de las 18h. Lo
hice todo y ahora me dices que se lo has dado a otro? Tú no tienes palabra, me
has hecho perder el tiempo”. Que le
jodan.
La verdad que eso me hundió un poco. Sinceramente no me
esperaba que encontrar piso fuera una tarea tan complicada. Luego me enteré que
era lo más normal del mundo así que tocaba seguir buscando. Pasó otra semana y
más de lo mismo. Tocaba cambiar de estrategia. Me metí en Facebook y encontré
un grupo que se llamaba “Leipzig. Personas que necesitan piso y personas que
ofrecen piso”. Por allí escribí a un par o tres de anuncios que me parecieron
interesantes. En ese momento recuerdo que estaba en video llamada con mi
hermana en la puerta del supermercado comiéndome un bocata de pollo arrebozado
(schnitzel), un poco agotado pero animado por poder hablar con ella y ver a mi
sobrinita de 3 meses. Al terminar la llamada y con los ánimos regenerados, me
saltó una notificación al teléfono de un anuncio al que había aplicado en
Facebook. “¡Qué bien! ¡Me han contestado ya!”, pensé. La chica del anuncio me
preguntó si había leído el anuncio bien de la habitación, ya que directamente
le dije que estaba interesado. No le envié nada más. Le dije que no lo había
leído detenidamente. Me dijo que eso ya no era una buena señal para empezar y
me pidió que le enviara una descripción sobre mí. Se la envié, es más, me curré
un texto sobre mí el cual si lo leéis no me podéis rechazar. Me dijo que le
gustó mucho y me preguntó si podía acercarme al piso para hacer una entrevista.
Sí,sí, una entrevista. Como si se tratara de una entrevista de trabajo. Nos
citamos a las 18h del día siguiente, 16 de Diciembre.
Me puse la mejor ropa que tenía en el armario, ya os digo,
había que ponerse serio. Fui muy puntual. Estaba nervioso. Yo no soy una
persona que normalmente se ponga nerviosa cuando tiene entrevistas de trabajo o
ya no sólo eso, sino en situaciones de la vida en general. Lo que a mí me pone
nervioso es cuando sé que lo que voy a hacer será trascendental para seguir con mi progreso. En este caso era
necesario pasar esa entrevista porque tenía delante de mí una oportunidad de
oro. Piso compartido con gente que sabe alemán y me puede ayudar a mejorar el
idioma. Localizado en el centro. Alquiler de 250€/mes. De locos. Era todo el
pack completo.
Entré por la puerta y ya me estaba esperando una de las
chicas. La saludé, me pidió que me pusiera la mascarilla nada más entrar.
Primer fallo que tuve. Joder, no había ni entrado y ya la había cagado. Es
igual, no importaba. Nos sentamos en el comedor y vino la otra chica.
Empezamos. El principio de la entrevista fue un poco de preguntas generales
para conocerme mejor a mí como ser humano y de las motivaciones que me habían
llevado a mudarme a Alemania, al igual que mis objetivos e intenciones de cara
al futuro. Luego pasaron a preguntarme cosas como si para mi es importante
repartir las tareas del hogar, me ponían situaciones hipotéticas y me
preguntaban cómo actuaría, etc. Finalmente, me preguntaron que qué pensaba
sobre el Covid-19. Enserio? Sí, sí. Yo me notaba nervioso, ellas no lo sé si
también me lo notaron. Cuando estoy nervioso hablo mucho, pero a la vez hablo
muy correcto y soy muy claro con lo que digo. Me concentro más digamos.
Entonces ataqué esa pregunta con la sangre fría de un delantero que tiene
definir sólo delante del portero. Sabía que si la respondía bien, me regatearía
al portero y metería gol. Qué pasó? Que les fui un poco sincero y les dije algo
así como: “Es cierto que con lo que respecta a este tema, la población se
divide en dos grupos. Los que piensan que el Covid es una gran mentira creada
por las élites mundiales; y otro sector de la población que está muy
concienciado con este tema y tienen más miedo, en consecuencia. Yo soy de los
que piensa que cada uno es libre de decidir lo que quiera hacer con su salud.
Si se quieren vacunar que se vacunen, si no pues no. Yo estoy vacunado, pero no
me he puesto ninguna dosis de refuerzo ya que creo que es exagerado y a la vez
peligroso especular contra tu propia salud.” Después de mi respuesta, hubo un
silencio un tanto tenso que duró unos segundos. Lo pasé mal. Una de ellas me
respondió: “Ya bueno pero creo que si vives en una comunidad en la que rigen
unas normas de vacunación y medidas contra el Covid tienes que respetarlo y no poner en peligro su salud.” A lo que
respondí: “Exacto, eso está más que claro. Al final lo que yo quiero es que
formemos una comunidad y nos ayudemos los unos a los otros”. Ahí conseguí que
la tensión se rebajara. Hablamos de otra cosa y conseguí que nos riéramos un
poco. Uf… qué tensión, ahora mucho mejor. Después de media hora o así hablando,
por fin me enseñaron el piso y les pedí
un vasito de agua el cual me bebí de un trago. Eso sí, acto seguido lo lavé y
lo dejé al lado de la pica secándose. El piso estaba muy top la verdad, muy
ancho, techo alto y se veía acogedor. A continuación, pasamos a lo que sería mi
habitación. Fue la chica con la que contacté la que me la enseñó y la verdad
que me daba exactamente igual ya que me parecía todo excelente. “¡Qué ojazos
tiene!”, fue lo único que pensé. Luego estuvimos charlando un poco de pie en la
entrada del piso sobre nuestros hobbies y les pregunté también cuántos
candidatos más había. Me dijeron unos doce más. Finalmente, me agaché para
ponerme los zapatos de nuevo, abrochármelos e irme pero en ese intervalo de
tiempo, se hizo el silencio y me sentí un poco incómodo ya que estaban
observándome fijamente a lo que dije lo primero que se pasó por la cabeza para
romper con ese silencio. Vi un longboard
apoyado en la pared y dije: “Vas a salir ahora con el longboard con tus amigos y tal?”. Hasta ahora, mi inglés en todo
momento había estado siendo perfecto, fluido y de lo más entendible. Cuando
hice esa pregunta parecía que no supiera inglés. Me trabé 20 veces y ni se me
entendía. Las chicas se me quedaron en plan “Perdona, ¿qué?” Al final me hice
entender pero esa fue mi última intervención y abandoné el piso. Al cerrar la
puerta me dije a mi mismo “Suda, suda tío. Al igual me pillan xD” Porque esa
fue la sensación que tuve ante la última frase ridícula que dije. Pero bueno,
para arreglar ese pensamiento negativo, al llegar al hotel de nuevo, cuando
estaba totalmente asolas en mi habitación tiré una moneda al aire. Si toca “cara”
me eligen a mí; si toca “cruz” cogen a otro. Tocó cara. No sé lo supersticiosos
que sois vosotros, pero yo creo mucho en esas cosas y más cuando lo digo de
corazón y “me juego la vida en ello”. Ahí se quedó.
Corría ya la semana del 20 de Diciembre, la semana de la Navidad,
y me fui para Praga. Pasé unos días increíbles en esta hermosa ciudad. El caso
es que en medio del viaje, concretamente el 22 por la mañana les escribí para
saber si tenían ya un candidato final o aún no. Al poco rato, me escribió diciéndome que habían
escogido a otro candidato, que lo lamentaban mucho y que mucha suerte en la
búsqueda. Le contesté preguntándole qué es lo que les hizo decantarse
por otro candidato para no cometer el mismo error en mi próximo piso. Al
día siguiente por el medio día, se vino la épica. Me contestó la chica
diciéndome que habían escogido a un candidato al que siempre por su nombre
todos le discriminan y nadie le da la oportunidad de presentarse tan siquiera. Pero, a la misma vez, la inmobiliaria propietaria del piso decidió contra él y
no lo aceptaban como inquilino. Así que como esa persona no era aceptada, no tenían aún un candidato final. A lo que le respondí “¿Ah, entonces eso quiere decir que aún
no tenéis a nadie y que puedo ser yo?”. Me dijo que sí, que si no había
encontrado nada que estaba dentro. Se pararon todas las rotativas. Le pasé mi número para hablarlo por WhatsApp.
¡Búa!, salté de la cama y todo. Por fin. Lo había logrado. TENGO PISO.
Agradecido. Feliz por haberlo conseguido. Qué alegría. Continuamos. Ah, y Feliz Navidad.
Comentaris
Publica un comentari a l'entrada